La inevitable partida de un motivo de alegría
Hoy hay dolor en el corazón de tres niños. Un duelo que no todos entienden, pero que muchos compartimos. Chiripa, alegró la vida de tres niños durante trece años. Hoy partió al cielo dejando gran nostalgia y muchos gratos recuerdos por su alegríía, cariño y fidelidad.
Ella se hizo conocer por su gracia, por ser muy amigable con todos los vecinos del Conjunto Marianitas de la Parroquia de Calderón. Todos los días, salía al jardín y los vecinos le decían – hola chiripa – y ella les meneaba contenta la colita e inmediatamente se lanzaba a sus pies, a cambio de unas pocas caricias.
Chiripa fue adquirida por sus dueños a la edad de dos meses, en el centro de la ciudad de Quito. Bien peluda, gordita y de color gris, excepto sus patas y pecho que era café claro, un peluche con movimiento propio.
Con el paso del tiempo, fue creciendo y no se definió la raza. Alrededor de sus ojos cafés claros, disponía de un aparente delineado negro. Muy alegre e inteligente, portadora de mucha energía y gran corazón – Mi confidente y amiga – afirmó Stephanie, la hermana intermedia de la familia.
Mi mejor amiga peluda, le gustaba alar los cordones de los zapatos deportivos y las vastas de los pantalones. Siempre contenta e inquieta, el tormento del Greñas (perro de raza Golden) y su pareja de vida, dijo Daniel, el hermano menor.
Para Priscila, la hija mayor de este núcleo familiar, la mejor lección que dejó Chiripa fue que nunca se limitó en expresar cariño a todas las personas que se le acercaron y mucho más a la familia. Recordó con mucho cariño, que cuando llegaban a casa apenas les veía, venia corriendo moviendo emocionada la colita y se convertía en su guardiana hasta ingresar a la sala.
Este lindo animalito se fue al cielo, dada su edad avanzada, pero dejó en quienes le conocieron muchos gratos recuerdos y grandes lecciones de vida.
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