‘Zona Cero’ recobra la alegría
Alrededor de la moto, Henry Torres y Carlos Agualsaca, dos agentes de control del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito, conversan y se frotan las manos por el viento que, inesperadamente, comienza a correr en plena cancha de vóley de La Comuna, uno de los sectores más afectados por el aluvión del pasado 31 de enero.
Son las 13:30, de este jueves 17 de marzo del 2022, y los funcionarios municipales hacen una pausa al patrullaje diario y permanente que realizan por toda la zona de influencia de la emergencia que perjudicó directamente a los barrios de la parroquia Belisario Quevedo: La Comuna, La Gasca y Pambachupa.
La vecindad de estos tres puntos se mantiene atenta, “con la seguridad de que la solidaridad y la ayuda de las autoridades permitieron mantener la esperanza de días mejores”, admite Segundo Chalco.
El hombre de 64 años continúa con la construcción del muro que separa su casa con la cancha de vóley. En algo más de un mes, el avance de la obra tiene más de 15 metros lineales. “Aún falta, pero estamos más alentaditos y con ganas de seguir adelante”, apunta.
Ese buen ánimo, admite, se debe a los avances que son visibles en las calles del sector. La Berrutieta, que baja por el túnel que conecta con la avenida Mariscal Sucre, luce con sus buenas aceras y sus bordillos de amarillo intenso. Igual ocurre en la Antonio Herrera.
Aquello ha sido posible con el trabajo de varias dependencias municipales, porque hasta los sumideros tienen otra ‘cara’: hasta el 15 de marzo se limpiaron tres mil. Y qué decir de las calles: 12 de ellas están sin rastro de lodo ni de escombros.
También, es visible la recuperación de 21 señales verticales de tránsito y se limpiaron 35; se repusieron 5 semáforos vehiculares y un semáforo peatonal. Y se arreglaron 6 reductores de velocidad.
Más abajo de la cancha de vóley, en el barrio La Gasca, las obras de los muros de las casas afectadas están por concluir. De allí que, los obreros que trabajan en las edificaciones de la esquina de las calles Núñez de Bonilla e Ignacio de Quezada solo paran a la hora del almuerzo.
Los propietarios también echan una mano. Fabián Tenesaca es dueño de un edificio de cinco pisos y es el más afanoso en dejar a punto las instalaciones eléctricas, porque el cerramiento está prácticamente listo.
El progreso en los trabajos ha sido con las gestiones que el Municipio de Quito hizo con la empresa privada para la entrega de materiales de construcción, dice y ahora pide que le arreglen la vereda, tal cual se realizó en los exteriores de las casas de sus vecinos. “Mire como quedó la vereda que da al edifico Kamel, está linda; aspiro que a mí también me ayuden con eso”, añade Tenesaca.
Durante la ‘Minga yo amo a Quito’ que se realizó el pasado 5 de marzo, se recuperaron 48 m2 de aceras, incluso se pintaron las fachadas de 15 casas (400 m2) y se sumaron mil metros de señalética vial.
Unos metros más debajo de la Núñez de Bonilla, a la altura de la Ritter, está el conjunto Casas León, allí el muro que fue destruido por el aluvión está recuperado en un 90%. Uno de los propietarios es José Silva y refiere que las cosas están encausadas, que la vecindad está más tranquila y sin nervios pese a las lluvias copiosas.
Todo se debe, asegura, a que las obras pendientes están por terminar. En su caso, solo falta una fila de bloques en el cerramiento, instalar la puerta y pintar. Con eso, agrega Silva, “cambiaremos la página y a seguir adelante”.
En el barrio Pampachupa, también, se notan avances de obras y sus calles lucen adecentadas. Solo en el área del parque, varias cuadrillas con personal municipal limpiaron mil m2 y recuperaron el muro de la Escuela Fernando Pons.
Hubo más, en el área verde se hicieron varios murales que alegran el entorno, se pintaron un bombero, un Diablo Huma, unas mariposas, unas manos envueltas con un rosario con la frase “A la memoria de nuestros hermanos de La Gasca”.
Aquello fue posible por las mingas y las ferias que el Municipio de Quito organizó para reactivar el sector, admite Efraín Cordero, representante del Comité Sectorial del barrio Pambachupa.
En toda la ‘Zona Cero’ se han plantado, hasta el momento, 41 árboles y 5 mil plantas. Y en el parque se sumaron juegos infantiles nuevos. Con ese empuje, la vecindad confía que llegarán más aparatos porque el espacio volvió a ser visitado por los pequeños que, últimamente, comienzan a salir incluso cuando la lluvia está por caer.