La cultura de las comunidades el principal hito para Geoparque Quito
- La Comisión Técnica visitó Gualea para seguir completando los requisitos para convertir a Quito en Geoparque Mundial
- En el sitio se realizó ecoturismo en el bosque húmedo subtropical
- Es una zona productora del más exquisito café
Una acuarela de verdes diversos de olores intensos se derrama por la vertiente occidental del volcán Pichincha. Al frente el Pululahua tiene sus propios espíritus.
Almas benditas de viejos soles atrapados por la geología más diversa, por la esencia de la tierra salida por boca de volcanes. Parajes perdidos en el paraíso. Culturas con olor a café, cacao, orquídeas con notas de arcoíris. De entre esto nacen milenarias culturas, pueblos hechos con el color de café, con toques de canela y música.
Gente especial de culturas coloridas, idénticas a su entorno, son la prueba mayor y mejor de que el Distrito Metropolitano de Quito atrapa dentro de sus linderos maravillas geológicas. Es el poder natural traducido en olores y colores irresistibles, en animales hermosos en pájaros y orquídeas de más colores que los conocidos.
La Comisión Técnica de Geoparque Quito bajó una vez al noroccidente del Distrito Metropolitano, a la zona de Gualea, en su empeño de seguir completando el dossier que irá a la UNESCO para el reconocimiento de este territorio, como geoparque.
Los sitios visitados son lugares que están en el lindero de lo real y lo mágico. Café que se produce en los microclimas más especiales del mundo, escondidos en bosques húmedos intensos, de aroma profundo y belleza extrema. Una bendición nacida de nuestra realidad geológica y vulcanológica.
La finca cafetera Don Vallejito parece un poster de colores, el aroma a café se filtra entre el bosque mucho antes de verla. Al llegar uno es recibido por amables campesinos y muchas aves de corral que pasean libres, por una infinidad de matas de café.
Su principal, Ricardo Vallejo, nos lleva hacia un cobertizo donde las pepas de café liberan su delicioso aroma, tras un proceso de tostado realizado en una alquimia de ritos, tradiciones y tecnología. De ahí sale el café Tulipe, pero quizá, más importante los saquillos que van hacia los destinos más lejanos del mundo.
Los expertos de la industria mundial del café rastrearon el aroma único de la pepa ecuatoriana, hasta su escondite en los Andes. El café de Don Vallejito se vende en la icónica cafetería mundial, Starbucks.
El secreto es su topografía, bendita por su geología que permite atrapar sol, humedad y las notas frutales, cítricas o achocolatadas que distinguen a un café único en el mundo.
Culturas que evolucionaron en esta maravilla natural son una marca geológica cultural que preservar y promover. Cosa que será muy viable con la declaratoria de geoparque, según afirma Gabriela Zuquilanda, directora de Relaciones Internacionales y coordinadora de la comisión técnica de geoparque, del Distrito.
Acompañaron a esta misión técnica los concejales: Brith Vaca y Marco Collaguazo, solemnizando todo el proceso de levantamiento de la información que requiere la UNESCO.
El cronista de la ciudad, Patricio Guerra relató como en antiguas pinturas de hace medio siglo, ya aparecían matas de café en estos territorios. De la misma forma el geólogo de la universidad Central, Gorki Ruiz, demostró como la composición volcánica de este suelo, se suma a las bendiciones naturales que producen la intensidad del sabor, en los frutos del bosque.
También se levanta fincas con procesos más elaborados para procesar el café. Es el caso de la hacienda Frajares que incorpora a este proceso macondiano, al ecoturismo y también decanta su delicia hasta las perchas del café élite mundial, como Starbucks Coffee.
Otro hito de conservación del futuro geoparque es sin duda Bellavista Lodge, cerca de 400 hectáreas de una reserva natural privada. El sueño de 30 años de un ciudadano británico residente el Ecuador. Este es un ejemplo de preservación natural y ecoturismo en el bosque húmedo subtropical.
Un área de reflexión, con 300 especies de aves, decenas de otras especies de animales y orquídeas, así como insectos, elevados a la categoría de guardianes de la naturaleza. Un lugar donde es posible ver osos de anteojos, ardillas, pumas u olinguitos, desde cabañas que parecen nacer de los árboles.